El cachorro perdido

sucio y sarnoso,
se metió en el bodegón
empujado por el hambre
buscando en la basura su sustento.
El Ñato Arregui
lo iba a levantar de una patada
cuando la mujer lo paró en seco
gargajeándole al oído una puteada.
Después se acerco al cuzco
que del susto
se achato en el suelo
meándose entregado.
Y contra todo pronostico,
la parda le acaricio el cuero
que tapizaba huesos
y siendo bien sufrida como todos sabíamos
desde su educación de primero escolar
dijo la frase que nos quedó marcada para siempre,
porque todos nos proyectamos en el cuzco:
"Para mi gusto en solo una vida,
este bicho ya sufrió lo suficiente"
y ante el asombro de todos
lo bautizaron Nerón,
le dieron cobijo
y de ahí en más sus mayores problemáticas
fueron sus relaciones con el gato.
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Nadie tuvo que intervenir.
El forastero quiso pecherear en el boliche
cuando envalentonado por los tragos le reclamo por el cambio a la Violeta,
la mas vieja de las coperas de Yolanda.
Hasta llego a poner la mano en la cintura
amagando a sacar su faca cacha blanca.
Nadie tuvo que intervenir.
Pese al peludo comprendió
que si no metía violín en bolsa
de allí lo sacaban en sudario,
cuando se vio por todos lados controlado.
Por eso no dijo nada mas ni termino su trago.
Dejo bruta propina y se rajó callado.
Nadie tuvo que intervenir,
yo le decía.
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Cuando la negra lo dejó
por el gringo que se la levanto del bajo,
el pobre
quedo tan destrozado,que por más que la barra lo quiso consolar
no largo prenda,
no comento nada con nadie,
solo se le sintió decir entre las copas:
"Todos los gringos son el diablo
y todas las mujeres una mierda."
Ya completamente en pedo
salió a los tropezones del burdel
y entre broncas y lamentos
se fue zigzagueado solitario, vencido, abandonado.
(Hay quienes dicen que vieron al malevo
lagrimeando, no se sabe si es cierto,
pero la cuestión es que al otro día
en la pieza de pensión donde vivía,
lo encontraron ahorcado y a sus pies
una foto rota de la mina.)
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"Y si esos ojos verdes, sugestivos, embrujantes, que de solo mirarme me hipnotizan,
me dieran permiso par besar sus labios rojos,
me permitieran acariciar sus hombros blancos,
me dejaran amarla como quiero,
no seria en vano me invadiera el deseo,
ni morir quizás podría importarme..."
y el poeta no pudo terminar sus versos
porque la Carmela Peña
- a la que llaman en el barrio Muñequita –
con el alcohól fue tal la pasión que la hizo presa
que casi ahoga al vate a puros besos.
Y no lo fornicó sobre la mesa
porque entre varios lograron contenerla
y le quitaron cien quilos de amor de sus costillas
al asombrado creador de la inflamante verba.
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"Pero yo la quería, loco, la quería"
lloriqueaba borracho Martín Gómez
apoyado en la barra
donde Joaquín Gambeta lo miraba
también chupado hasta las patas.
"Pero ella no te quería, hermano,

ella no te quería", le contestaba.
"Pero yo si loco, yo si",
perseveraba completamente enajenado
tomando ahora sí la ultima caña
intimado por el gallego vigilante
que conocía bien al parroquiano
y también la situación de sus finanzas.
Y Gambeta le insistía en el mismo tono:
"Pero ella no te quería...no te quería..."
los dos tenían la mirada perdida
y al hablar las lenguas se trababan,
pero pese al estado lamentable
luego de tomar la última gota,
apoyados en la mesa recitaron al gallego tolerante
la clásica oración de los borrachos:
"¿Se debe algo Manuel, se debe algo?"
¿Pero estas bien seguro que no se debe nada?"
La voz mezcla de mandato y ruego
dijo por fin el Amén que nunca olvidan:
"¿Somos amigos o no somos amigos, che gallego?.
Después abrazados y llorosos
salieron a la noche citadina
repitiendo las frases ya sabidas:
"Pero yo la quería, loco, la quería"
"Pero ella no, mi hermano ella no te quería".
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"¡Salen dos completos para viajeeee!" - atruena la voz del mozo en el ambiente mientras con movimienetos malabares maneja la bandeja llena a tope entre t
odo el borbollón de gente - "¡Dame uno al plato, cubiertos para dooos.!"... "¡Va con dos chopp y mineral de a litro!"..."¡CERRA LA CUATRO!". Como en un río de aguas turbulentas sus permanente moñas, juegos de cintura y remolinos le evitan tropezarse con las mesas. "¡Dos café en vaso, vienen con sacarina!". Y si la movida lo permite se toma al toque un cafecito de parado y da un par de pitadas al faso casi apagado que ha dejado su huella marrón en el marmol blanco, atento a ver que necesitan los clientes. Duro trabajo el de mozo de boliche, todo el día parado y a los tumbos y además nadie le paga su trabajo de psicólogo con los parroquianos de siempre, esos que llegan a estos puerto a descargar sus penas, sus despechos, sus nostalgias.47
El gato de boliche
en la vitrina,
manso como refieren los refranes,
due
rme placidamente indiferenteal brutal alboroto del humano,
a los apuros laborales estresantes,
a las corridas de negocios,
a los llantos.
El felino esta en otra,
ronroneando,
hecho un bultito peludo
entre la caña y el ron,
donde emocionado,
temblándole el bigote,
sueña que ya tiene
el ratón acorralado.
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Al final del mostrador
duerme tranquilo

Pedro "Pelusa" Barcelo
el cuete del día de hoy
reenganche del anterior
estado cronificado
de un alcohólico confeso,
la cabeza de costado
entre los brazos doblados,
arqueado sobre el estaño
insensible a los sucesos.
Cuando reaccione seguro
no sabrá que le ha pasado.
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El lustrabotas, de embetunados dedos, infaltable personaje de los boliches de barrio, se nos va yendo de a poco con su cajón, sus tintas, el swing de sus trapos para que brillen los zapatos. Cuando en la madrugada precisábamos de su oficio porque teníamos baile - con posible levante incluido - su grasa y su cepillada de adelante para atrás y de atrás para adelante los dejaba brillando en la madrugada. En ocasiones escucho la pregunta de siempre: "¿Lustramos, señor?.
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Enfrentado brutalmente a los catorce platitos de la guarnición de la picada para acompañar el whisky, dudando por cual de todos comenzar, decido primero deglutir el pancho mínimo y seguir con la micro-salchicha, atacar los cortes pequeños de la pizza, los sándwiches mínimos para comer todo lo caliente y seguir después con lo frio, logrado poco a poco, consumir las demás municiones hasta vaciar los catorce platos - si es que aguanto - y dejarlos solo con algunos carozos de aceituna, algún mondadientes usado, servilletas de papel arrugadas y mientras todo pasa a mejor estomago después del primer trago, marcharon otros cuatro y me siento atacado nuevamente por decenas de platitos complementarios, especie de ejercito masivo de picada, o botana, o guarnición, según el país, la costumbre o la canción. Y no doy abasto, bajo mis armas y me entrego,tomando el penúltimo con alguna aceituna mas terminando la noche. (Y cuando llego a casa tengo la promisoria amenaza de una brutal tormenta tropical, aquí en medio de mi panza.)

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