jueves, 25 de octubre de 2007

De boliches y amor II

11



Puedo ver tus huellas dactilares
cuando apoyas la mano
desde fuera en el vidrio.
Y yo desde dentro del café,
atrapando tu mirada,
las voy haciendo coincidir
una a una con las mías.
(Y sin hablar te pido y sin hablar aceptas)

Corre la lluvia por tu pelo
no mas que el deseo por mis entrañas
Te amo más cada día
con cada sol,
con cada luna,
con cada noche,
más todavía.




12




Te vas
y como siempre,
te saludo.
Con su otoñal frescura
el viento acaricia mi mano al despedirte.
Rutinariamente cruzas apurada,
caminas unos metros,
te vuelves sonriendo
y besando tu palma
me envías un beso aéreo.
(También algo me gritas, mas no entiendo)

Ya sigues caminando,
te alejas,
te esfumas,
en el torrente vivo de humanos apurados.
Y yo,
mientras termino mi copa
pienso:
¿Habrá mañana?,
y si hay:¿importa?,
¿realmente importa?.



13



La pequeña taza
conserva en su fondo
un mínimo resto de café
y algo de borra.
En el borde
la marca de carmín
de esa tu boca que fue mía,
como firma del ultimo sorbo
que después del adiós
distes.
La huella de esos labios
- tus labios –
los que hasta ayer
eran tan solo míos
quien sabe
con quién reirán ahora.




14




Como una flor

como una roja flor
que mece el viento,
como una flor abierta al sol,
como explosión de amor,
me dejaste de regalo en el espejo,
la huella de tus labios,
entreabiertos.



15



Luego de los primeros tragos
ya el estúpido chiste
me parece excelente
y después de algún otro,
lo que fue una sonrisa
se transforma de pronto
en mi risa estridente.
Y el alcohol tanto alegra

que de todo me río,
hasta del dolor,
este dolor maldito
que llevo dentro,
muy dentro,
muy dentro
y muy mío.




16




Y sigue vacía.
Frente a mi sigue vacía
la estúpida silla marrón
que marca limites
en mi destartalada mesa.
Sigue vacía
y todos pasan a mi lado riendo
pues intuyen mi ansiedad
desesperada.
Sigue vacía
como cuando la primera copa decidida,
como con esta,
ya perdida la cuenta,
tan vacía.
Pero te seguiré esperando,
siempre te seguiré esperando,
mi vida entera
te seguiré esperando.


"¡Mozo,nuevamente mi copa,esta vacía!"



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Entre el humo de tantos cigarrillos, la nostalgia cansada, los pensamientos turbios y mi nublada alcohólica visión, igual te veo
sentada en el mostrador.

Eras algo irreal, como una aparición iluminando todo, una imagen deslumbrante, multicolor,
sobre fondo de grises.

No había nada más, solo vos, solo estabas vos en ese altar de Baco.

18



Lejos de mi mesa, sobre la vieja vitrina que toca el cielorraso de viejo lambríz de pinotéa, entre telarañas las viejas botellas cubiertas de polvo celosamente guardan el vino adormecido por añares, que espera deleitarme cuando me decida a pronunciar la frase ejecutiva que me las acredite sin importar el precio, ni la puteada del gallego ante el esfuerzo que le demandará la desvencijada escalera: "¡De aquellas Manuel, de aquellas bien arriba, las cubiertas de polvo, ¡las que sufren de olvido!, ...si de esas... ¡que te recontra galaico atrevido!".


19



Cuanta gente habrá pisado el noble piso de roble sin brillo y gastado, junto al viejo mostrador tan descuidado. Cuantos habrán levantado su copa intentando olvidar lo inolvidable y bajo el influjo del alcohól se habrán peleado. Cuantos habrán explotando violentos en esa catedral atéa, sufriendo por cruces que vienen cargando de otros lados, como un personal camino de misterios. Recuerdos nobles de mi vida gris, por ellos controlo mi impulso natural de aplastar la cucaracha que pasa apurada entre la mugre del viejo bodegón... como podría matarla si también es parte de mi vida, como aquel gato manso que duerme en la vitrina, como todos mis recuerdos, todas las promesas, todas las mentiras.


20



Rápidamente mira,
apenas se insinúa pero lo logra,
la llama enciende,
el mensaje llega,
los ojos asienten.
(Y todo sin palabras)


Desde otra mesa
mientras giro mi copa
disfruto su comunicación callada,
el cruce de miradas
que vi sin proponérmelo.
(Ese inicio de algo.)

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