lunes, 28 de mayo de 2007

De boliches y amor VII

61









"El encuentro con lo cotidiano
y la inmersión de lo simple en lo complejo,
refiriendo con pequeños ejemplos
casi despreciables,
los mas profundos quiebres de principios,
he alli para mi ver
lo mas grande de la inventiva de Guillén"
reflexionaba en voz alta Martín Guerra,
apasionado de las letras,
que recalaba al menos
dos noches por semana en la taberna.
"O la magnificación de lo superfluo,
como la mínima pelota blanca, de golf,
rodando por el verde césped
golpeada por "Ike"que cita el vate,
en franca critica
a la insensibilidad presidencial
frente a todos los dramas existentes"
le respondió nuestro poeta particular y propio
desde su boina negra, pelo largo con cola,
lentes culo de botella y canosa barba espesa,
siendo las dos voces rasposas y profundas,
típicas de asiduos sacerdotes de Baco
consumidos dos litros,
el tercero comenzado
con los vasos ya servidos.
El nivel era óptimo,
derramaba cultura
y mientras el dialogado continuaba,
desde la mesa cercana lo escuchaban
apasionadamente Fanny la mesera,
Florencia, la trola con parada en la esquina
y Maria de los Ángeles, travesti voluptuoso
todas excitadas, todas conmovidas.
Así, las tres opinaron
unánimemente
escuchando el debate,
que al visitante igual le cobrarían por el servicio,
pero al poeta de ellas,
al vate "de la casa",
le darían gratis la atención
y con todos los chiches.


62








Por que extraña razón, viejo bodegón arrabalero, te mantenés entero en mi memoria aunque hace años la triste topadora te convirtió en escombros y recuerdo. Por que yo miro el rascacielos - cientos de metros de vidrio hacia lo alto - y lo que veo son tus viejas paredes, huelo clarito tu aroma de malevo, siento el chirriar del cartelón aquél que anunciaba buseca en invierno y ñoquis religiosamente cada veintinueve, balanceándose al pampero. Yo veo tus ventanales viejo Café inexistente, veo tus mesas de madera y las sillas de Viena tan gastadas, recuerdo con una medio y medio como bajabamos picadas interminables, no olvido que fue en vos que conocí a la muñeca que marcó para siempre mi destino y que en tu vientre vinieron los amigos a decirme que se moría mi vieja. El gaita Iñaqui - ¿te acordás? - limpiando tu vitrina, Manolito bailarín, aquel mozo sabio que hacía gambetas al viento entre las mesas con la bandeja en alto, para cumplir los pedidos a gritos de borrachos y poetas. Por que te sigo viendo si hace tiempo te sacaron de mi vida, te robaron, como me robaron tantas otras vivencias de aquella vieja ciudad nuestra que hoy intento revivir a base de recuerdos, en esta que fue alguna vez fue nuestra esquina y que ahora es solo otra de tantas, donde el rio de gente entra y sale, viene y pasa, sin esencia, sin espíritu, ni se dan cuenta que caminan dentro de un esqueleto, que estan en un sitio que perdió el alma hace demasiado tiempo.

4 comentarios:

gdec - Geraldes de Carvalho dijo...

Belo. Nostálgico

Um bom abraço
Geraldes de Carvalho

Senén dijo...

Gracias por pasar Geraldes y por comentar.
Abrazo
Senén

ana dijo...

Ojo, Senen, tengo un amigo ex escritor y reciente borrachin. Andaba siempre buscando para escribir historias de la gente de los bares y terminó así. Ya no escribe, pero tiene una cultura alcohólica envidiable. Beso grande. Muy buen texto.

Senén dijo...

ana:
¿no sería el personaje de este escrito? quien te diga.
Gracias por pasar y comentar
Mi cariño
Senén